La obra de José Zorrilla Don Juan Tenorio es un ejemplo muy idóneo del drama romántico y posee muchos de los elementos característicos de este subgénero: ruptura de las tres unidades de acción, tiempo, y lugar, abundancia de versificación en romance, gran número de actos exaltación del “yo” y de la noción de libertad, idealismo, ambientación en épocas pasadas, elementos sobrenaturales y abundancia de efectismos teatrales.
El tema de Don Juan no es nuevo en la literatura española, pero si lo es el tratamiento que de él hace Zorrilla. Por lo general se menciona como origen del tema la obra barroca EL burlador de Sevilla y convidado de piedra, en Tirso de Molina. Sin embargo, aunque este drama sienta algunas bases para el de Zorrilla, la historia de la estatua invitada a cenar por el bravucón ya aparecía en una obra de Lope de Vega anterior a la citada: Dineros son calidad. La pieza de Zorrilla comienza cuando ya han tenido lugar las principales aventuras de Don Juan que se narran en la obra de Tirso. El segundo galán -Don Luis Mejía- realza la importancia del protagonista. Y sobre todo, el argumento se separa del tópico de la lógica condenación de Don Juan por sus muchos pecados y le permite ser salvado por amor, en un clímax teológicamente oscuro pero teatralmente magnifico.
A estas cualidades hay que añadir otras de importancia: el hábil engarce de situaciones que mantiene el interés hasta la siguiente escena, el atractivo del satanismo de Don Juan en contraposición a la pureza de Doña Inés, el misterio que rodea a las apariciones de los muertos y la elegante versificación del drama. Súmese a esto el empelo de personajes arquetípicos pero que son realmente símbolos literarios siempre vigentes: Brígida, trasunto de la eterna celestina, Don Gonzalo, prototipo calderoniano del honor, Ciutti el “gracioso” o figura de donaire del teatro clásico. Todo ello unido justifica el éxito constante de esta obra y el que se haya venido representando anualmente desde su estreno en 1844.
